Tortillas

Si me preguntaran hoy qué es para mí el amor, diría con mis manos cansadas que es hacer 19 tortillas aliñadas con todo el corazón y entregarse para que salgan bien. Es broma, no es enteramente eso, pero es parte de expresar cuánto me importan las personas que me rodean. Mi madre diría que el amor es sufrimiento y sacrificio, sin embargo difiero completamente de ella.

Esta semana he descubierto las muchas maneras en las que el amor puede habitar y manifestarse: desde un halo de luz dorada hasta unas tortillas palmeadas. El amor es hacer que una persona se levante todos los días y tenga fuerzas para hacer lo que hace aunque no se sienta bien. Es ser recibido con un buenos días y una sonrisa en los labios. Que cuando una lagrimilla traviesa se asome o un caudaloso río se asome a los ojos, haya una palabra de aliento, un abrazo, un tomate tu tiempo o una broma para alivianar el día. Es escuchar el dolor del otro para paliar la carga, sin importar cuán repetitivo sea, reírse del dolor e invitarlo a ser amigo. Es ofrecer una mano en medio de la oscuridad del miedo.

El amor es libertad, es soltar, es confiar. Es caminar con los ojos del rostro cerrados y los del corazón abiertos por medio de obstáculos y saber que todo va a estar bien de alguna manera. Es cuidar de sí mismo para poder cuidar de alguien más. Reconocer los límites y saber retirarse para volver cuando se está listo. Es ser abono para ayudar a florecer. Es el bálsamo que cura las heridas. Es preocuparse por el bienestar de alguien aunque no le hables. Es dejar el pasado atrás, las posibilidades del futuro congeladas y apreciar lo que en el momento ES. Es decir: estamos bien.

El amor se trata de dar y recibir. Se trata de silencios y palabras, de distancias, cercanías y aún así la esencia no cambie. Es soltar algo en espera que la otra persona lo reciba y que esta persona suelte algo y lo recibas. Es las señales casi intangibles del universo. Es crecer juntos, apoyarnos, poner una chispa en ojos sombríos, dar aire en espacios muy cerrados. Se trata de soledad y compañía.

Quizás no sea lo que esperaba aprender del amor, pero a veces lo inesperado y las crisis que te ponen a dudar de lo que sabes, hacen que las cosas se revelen ante tus ojos. Es darse cuenta cuán importsnte es la presencia de alguien en tu vida. Es estar presente aún en la ausencia y ser perdón. El amor es incondicional, siempre está mientras el orgullo o la rabia o la posesión no le gane.

El amor es tener a alguien en mente y sentir su presencia. En dejarnos ir, en la belleza de lo cotidiano, en el entregarnos es que conocemos realmente el amor, tocamos su divina fuerza de la creación.

El amor es todos los lugares que llamamos lugares favoritos. Es un collage de sensaciones que nos llevan a tocar un lugar muy cercano a la unión con el todo. Es algo más grande de lo que puedo sentir o explicar.

Lo único que sé es que agradezco la oportunidad de poder sentirlo y hacerlo crecer, porque es realmente lo único que nos despertará del sueño del miedo. Lo que duele no es el amor, lo que duele es el orgullo, es la inseguridad, es la idea errónea de que sólo algunos pueden tenerlo y que es una cárcel hermosa, pero una cárcel al final.

A quien lea esto, puede que en un tiempo mi percepción cambie, pero por ahora tras una larga semana, esto es lo que he podido ver. El amor es gratitud, esperanza, honor, respeto y sobre todo libertad.

A vos que leés esto: vos también sos amor.

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Impalpable

Impalpable como el azúcar que se usa en la repostería, en eso te has convertido. Tiendo a recordar o imaginar los ojos que me miran de vuelta. Hace días quiero sacar el nudo de mi garganta y la forma en la que los fragmentos de esos múltiples ojos impalpables forman un mosaico mitad recuerdo, mitad imaginación que me hacen pensar si estaré lista para que otro par de ojos me vean nuevamente.

Impalpable el sabor de los recuerdos en el café de la mañana, en la forma de la almohada. Impalpable la marca en el mapa mental de mi cerebro, se deshace en medio de las ojeras violetas debajo de mis ojos. Aún a veces me llega el cálido olor, la melosa voz, la sensación de ser arropada y sentirme pequeña después de cargar con todo el peso del mundo durante el día y poder quitarme la armadura tal como me quito los zapatos en la noche aunque sea por unas cuántas horas.

Cielos estrellados con noches ventosas, el zacate en nuestras espaldas, el agua de la piscina, la manta cálida en el jardín, las risas y promesas ahogadas en la cuestión impermanente que somos. Escucho el eco de las cosas que dijimos, escucho el ritmo de nuestras conversaciones e imagino las otras. Quizás es cierto que hay momentos en los que vivimos en el pasado, otros en los que vivimos en el futuro y muy pocos en el presente.

Presente impalpable, empolvado bajo las finas partículas blancas de las emociones que crean una película encima de las razones por las que decidí marcharme. Que hacen que mis ojos lagrimeen cual fiera alergia, que estornude, que se me cierre la garganta, que sienta que ya no puedo respirar más. Las razones siempre fueron válidas, siempre reales. Cierro los ojos y me recuerdo inmersa bajo el agua de la piscina de un hotel caribeño reconociendo cómo nada iba a funcionar y sin embargo es tan difícil remover el polvillo fino de las emociones para seguir como si nada y adaptarme al presente que tengo.

Impalpable la forma en la que quiero llamar al mosaico uno por uno y decirles que extraño una cosa muy específica de cada uno, pero en especial la amistad que solíamos tener. Impalpable como la vida adulta nos separa y no aprendemos a perdonar debajo de las heridas. Impalpables los abrazos, las risas, la sencillez de pasar tiempo en casa realizando labores del hogar, impalpable.

Impalpable para ese mosaico también estas palabras que nunca les llegarán, palabras llenas de felicidad permeadas de la nostalgia de días pasados y de la sensación de no arrepentirme de nada. Quizás en algún momento deje de ser azúcar refinada, impalpable, que cubre la amargura  y empiece a ser azúcar cruda que me recuerde el sabor natural, que se haga presente, que sepa dulce pero no artificialmente dulce. Por ahora es momento de sacudir el azúcar impalpable de los recuerdos y tomarlos como son: las razones del desazón.

On the subject of grieving

El golpe siempre es igual. Siempre el mundo se queda sin volumen, parece que el tiempo se suspende un momento, que la respiración se corta, que los latidos hacen eco en los oídos y lo único que queda es el último recuerdo que tienes de la persona en la memoria. Mi último recuerdo de él son sus ojos brillantes, la camisa tipo polo amarilla, su voz y su risa contagiosa. Ya no habrá más momentos para recordar, ya no habrá más llamadas, no habrá días de comportarse, el viaje llegó al final.

Siempre se siente como si un pedazo del corazón fuera arrancado o como una super nova que llegó al final de su vida y se convierte en un agujero negro que jala cada pequeña cosa de la galaxia que habías creado especial para esa persona. La percepción de los colores cambia, los sabores, la comida, todo pierde un poco de su brillo especial cuando la persona especial se ha ido. Quizás los primeros días son los más complejos porque no entiendo cómo el tiempo no para ni un segundo para poder llorarle como se debe, extrañarle como se debe y sentir que su vida sí importó.

Se sabe que la muerte es parte de la vida, pero el dolor siempre está ahí. El shock de no entender por qué una buena persona con la vida por delante se marcha y deja un agujero en el mundo y lo priva de su luz. Trato de pensar lo que siempre he pensado: nos volveremos a ver, en otros ojos, en otra piel, pero siempre nos vamos a reconocer. Mi intención a pesar del dolor que siento es que tu alma encuentre un buen lugar en el mundo, un lugar donde se te aprecie por toda la luz que llevas dentro.

En la buena teoría no somos indispensables, somos reemplazables, pero para mí, ninguno de los seres queridos que ha partido hacia otro plano puede ser reemplazado. No hay voz igual, no hay olor igual, no existe otra persona que pueda ocupar el lugar que ocuparon ni mucho menos mostrarme el mundo a través de una perspectiva similar. Mis lágrimas no caen por cualquiera, no es a cualquiera que yo decidiría llevar en mi piel en caso de que mi memoria llegue a fallar, para saberlos buscar cuando llegue a ese plano donde ahora están.

Mi madre dice que mientras estén en mi corazón, son eternos. La eternidad es tan increíblemente subjetiva, eternas son las palabras que se quedan sin decir, los abrazos que se quedaron sin dar y los minutos que ya no vendrán. Quiero pensar que somos eternos, como quienes estuvieron antes de nosotros y aún viven en nuestros átomos. Átomos que también están en todo lo que nos rodea, en lo visible y en lo invisible y por eso creo que de una forma u otra no se ha ido y le veo en cada flor, en cada árbol, en cada estrella.

Todo esto no significa que no voy a extrañarle, que su ausencia no me duele, que su calor ya no me acompaña y que sus enseñanzas no han calado en lo más profundo de mi ser. Puede que no fuéramos cercanos en el plano físico, pero de alguna forma en algún plano algo cambió e impactó para que esto doliera tanto. El mundo sigue y se supone que no debería pensarle, debería continuar cómo si nada, pero el desprendimiento es real, el eco de su energía en mis células también lo es.

Se fue en primavera, en la primavera de su vida también. Es usualmente una época de renacer y de transición. Quizás como las plantas abrió sus botones antes de tiempo y perfumó el mundo efímeramente, volviéndolo mejor, enseñándonos que a pesar del ambiente y las circunstancias siempre es necesario abrirse, es necesario dar, es necesario ser diferente. Sé que de alguna forma me escucha, escucha los ecos de los buenos deseos de mi corazón y que su alma recibe toda la luz que le mando.

Su voz siempre estará aquí, siempre cantará en mi memoria, en mi corazón y vivirá a través de mis recuerdos, de mis acciones, del impacto que pueda realizar en el mundo. Nuestra arena siempre se mezcla con la de quienes amamos de una u otra forma. Usualmente ni cuenta nos damos de quiénes son nuestros seres queridos hasta que ya no hay otro momento para decirles lo mucho que valen. Es curioso como una experiencia como estas nos recuerda lo frágil y a la vez lo fuerte que es la vida. Lo frágil de lo sencillo que se puede apagar la llamita y lo fuerte que pueden aferrarse las raíces de las semillas que sembramos en los corazones con amor.

Espero volvernos a ver, como te dije, en otros ojos, en otra piel, en otro lugar. De momento me despido de él, de lo que en vida fue y llevaré su eco conmigo para agregarlo a mi canción especial, para cantarlo al mundo y que entonces siga viviendo en corazones que ni siquiera conoció. Puede que aún escuche su guía en los días que haga silencio, puede que aún llore cuando recuerde su sonrisa y la calidez en sus ojos, pero ahora habita en mí y su espíritu es libre, recorre la Tierra, esperando encontrar su nuevo hogar.

Ansiedad y otros demonios

Miro al cielo nerviosamente esperando respuestas,

Como a una señal de mis amigas las estrellas.

La noche absolutamente negra sin luna, silenciosa.

 

Los vehículos pasan a altísima velocidad por la autopista,

Tal como pasa la sangre en este momento por mis venas

Una respuesta, busco por todas partes de forma determinista

 

Los árboles miran cómo empiezan a temblar mis manos,

El pecho se siente pesado, oprimido, sin aire que le llene.

Y siento sin querer que me voy evaporando a otro plano.

 

La presión en el pecho sube a mis ojos en ríos acaudalados,

Trato de contener la represa pero la compuerta se evaporó.

El calor se escapa de mi cuerpo en aquel largo trecho desolado.

 

Fue quizás el recorrido más largo y más frío, con suelo de lava,

Me sentía perdida, descontrolada, sola, excluida y descuidada.

Quizás lo peor es que esa sensación de estas personas no esperaba.

 

Crucé el puente rápidamente como si fuera una tabla de salvación,

Escuchaba mi respiración agitada, miraba mis manos temblorosas.

Enfocada en la música, en recibir el calor de un abrazo revitalizador.

 

Llegada al lugar, corrí como niña asustada a los brazos de mis humanos.

El calor volvió a mi cuerpo, los temblores y lágrimas ya mermaban.

El pánico fue cediendo y entró entonces la decepción respecto al daño.

 

Quisiera decir que los demonios cesaron ahí, sin embargo no fue así.

Estaban esperando que la compuerta se abriera para poder salir.

Me dicen que es drama, quizás porque no ven su rojo carmesí.

 

Susurran en mi oído que pase el frío filo por mi piel tersa,

Que recuerde la sensación tibia corriendo por mi brazo.

Me abrazan, me interrumpen con su ruidosa risa perversa.

 

Trato de no escuchar los viejos deseos y susurros con los que vivo,

Miro las cicatrices y los instrumentos de mi cocina, los recuerdos.

Intento recordar por qué sonrío, por qué lucho, por qué respiro.

 

A veces quizás confundo el cansancio y el hastío con otras cosas,

Me fijo en otras cosas que al final se transforman en espejismos.

Y al final del día me quedo nada más con sensaciones borrosas.

 

Al fin y al cabo somos viejos amigos la pegajosa oscuridad y yo,

Le llaman muchos nombres, que no son válidos o reales.

Caminaremos lento a la confianza y luz, iremos donde brille el sol.

 

Sinfonía

Solía confundir todas mis sensaciones con ira.
Una vez que sentía un burbujeo en mi vientre,
hacía que la lava subiera con su furia que delira
y saliera de mi boca hirviendo con el retumbar de mis sienes.

La ira permeaba con su tinte carmesí mi visión del mundo.
La manera en la que experimentaba la vida a la defensiva;
Siempre lista para atacar, para mostrar mi furia y puños.
Y de a pocos me fue escondiendo, me volví esquiva.

Ahora distingo una sinfonía de sensaciones,
Aún tengo mucho de ellas que descubrir en este viaje.
De cada una voy conociendo sus manifestaciones,
Entre la selva de mi interior las distingo entre el follaje.

Todas nacen quizás del mismo lugar, sin embargo,
Se escurren todas por diferentes partes de mi ser.
Desde el dulce más cálido hasta el frío más amargo,
Se dejan conocer desde sus raíces y me hacen estremecer.

La tristeza se siente como un río desbordado,
Que reclama su cauce, reclama su limpieza,
Reclama remover todo lo que amaina su fuerza
Y sube fría por el vientre, el corazón y garganta,
Hasta que halla su salida por los ojos hinchados.

Entonces se cuela con cansancio, con desolación,
Con la impotencia que conlleva ser siempre fuerte
El deseo de ser vulnerable, de recibir hace su aparición.
Hace necesario el descanso y la consciencia de atenderse.

El miedo por otro lado es quizás el que más confundía,
También burbujea, se camufla con su ropa de fantasma.
Con su inestabilidad y vulnerabilidad me vuelve fría.
Me congela y de a pocos me paraliza a manera de estatua.

Me hace dudar de mí, de mi sabiduría, mis capacidades.
Simplemente me carcome desde su oscuridad,
pero tiene su historia para llegar y afianzarse.
Nos estamos conociendo desde hace poco en nuestra dualidad.

Debajo del miedo se esconde algo que pensé no saber dar.
Burbujea de forma diferente, como una vibración,
Que sube de mi vientre a mis labios como un palpitar.
Y se presenta al mundo como una sonrisa que escapó.

Esto es lo que he aprendido a identificar como amor,
Como la suavidad, la gentileza que deja atrás el rencor.
Las olas de reconocimiento ante el dulce interior,
Tanto en mí, como en todo y todo lo que hay a mi alrededor.

Y me cuesta, no permear el amor con ira o con miedo,
Porque estoy descubriendo que el amor como lo enseñan.
El amor es la integración de toda dualidad e inciertos.
Es una inundación y también es un murmullo que sueña.

Voy reconociendo que es el brillo en los ojos,
Las ganas de intentar al día siguiente, la fuerza.
El egoísmo de conocerse y la sonrisa a extraños,
También el aprender a recibir con benevolencia.

Todo esto me lleva a las últimas dos que se fusionan.
La paz y la felicidad se van entremezclando en mi ser.
Se sienten como una ondulación, una danza que apasiona,
que despierta desde adentro hasta los deditos de los pies.

Cuando me enfoco, cuando me muevo, cuando me suelto.
Se mueve todo en perfecta sincronía y permite ahondar.
Hay días más difíciles que otros para sembrar este suelo,
Pero vale la pena sentir a cada una de ella dentro cantar.

Sigo aprendiendo a distinguir los sonidos de mi sinfonía,
Aprendiendo a escuchar cada vibración en vez del conjunto.
Voy de a pocos conociéndome mejor, creyendo en mi energía.
Así, recordando voy mi lugar en este y otros mundos.

I catch feelings

Usualmente no escribo en inglés pero sólo fluyó:

I catch feelings the way I catch a cold.
It comes in, soft and debilitating at first.
Then an intense whirlwind as it unfolds.
It overpowers me with a vigorous thirst,
and makes me shake with fever and cold.

I take it in, at first with rage and surprise,
Then I let it unravel with kindness to rise.
Because catching feelings is like a virus,
Usually unplanned and as big as a walrus.

I notice until it has made my knees go weak,
Likely at it’s peak with the havoc it wreaks.
The symptoms have already started to show,
The time has come to care of myself, I know.

Just like a cold left unattended can evolve,
The more you ignore it, it just gains control.
The sooner I get to acknowledge it, the better;
So I can take care of myself in stormy weather.

I’ve gotten to appreciate every single time.
Besides the grueling discomfort it brings
It’s also a time I can take a step back inside.
Set my head on a pillow or shoulder to rest,
So I can take a glimpse how my body sings.

Feeling like colds, let my vulnerability show
Without defenses, without my armor at all.
It brings my awkward side out to shine,
and also most of my best ruses to be fine.

The thing about all these colds and feelings,
Is that in in the oddest moves they teach me
Ways of watching out for myself and others,
How health and hearts are delicate matters,
and hand in hand we float like drifting otters.

Sometimes as fast as I heal from a disease,
The fluttering wings of butterflies will cease.
Life will continue to keep up its dancing pace
Until the next virus shows up in my face.

Some other times it becomes different it all,
It lingers on and I vibrate in ways unknown.
And contrary to what said above, I crave.
I crave to be vulnerable, bright and brave.

Here I am, I catch feelings like I catch colds.
They share in common the defenses I need.
In one of the cases I need to create more,
On the other the trick is to let go, proceed.

Maybe one day I will catch those feelings,
The same easy way I catch nasty colds.
But I will choose the fluttering colored wings,
The dance inside of me, the echo of a voice.

And that day I will not catch them all alone,
Some other wings will flutter in another body
It will no longer be comparable to a disease,
But to a breathe of fresh air in my face blown.

Perfume de magnolias

Tienes algo distintivo para todos los sentidos, un timbre distintivo en tu voz, en tu risa estrepitosa, en el olor que te distingue de los otros, el calor que emites y la forma de caminar que emite un sonido que puede ser recordado para diferenciarte de los demás cuando llegas a algún lugar.  Quizás en lo que más nos basamos es en lo que podemos ver y sin embargo tratas a veces de verte como algo que no sos. Te resistes a la imagen en el espejo, al sonido del interior y todo lo que se está moviendo.

Hoy tu cuerpo quiso mostrarte que verdaderamente las cosas ya no son como antes, te ha quitado el disfraz, te miras y te reconoces. De cuando en cuando te recuerda lo que muchas veces tratas de guardar en el fondo de tu mente, tu cuerpo lo recuerda, recuerda el mensaje de lo que viniste a hacer. Escogió tu ropa mientras estabas entre dormida y despierta y tomo la piedrita que escogiste con tanta ilusión sin saber que se refería al amor universal.

Puedes sentir cosas que hace mucho dejaste de sentir, sabes reconocer esa sensación encajada en la cuna entre tus caderas. Fue aquello que pediste antes de que todo esto empezara, querías no tener miedo, querías ser segura y ahora encajado en este lugar mágico se encuentra lo que sea que necesitas para salir y brillar. Te encuentras en medio de dos fuerzas opuestas, muy adentro sabes en cuál confiar, sin embargo cuando estas chocan y pareciera que al fin vas a saltar, se desata el trueno y decides defenderte.

A veces crees saberlo todo, pero la verdad es que te falta mucho por aprender, por conocerte y crees que sabes qué se supone que debes hacer pero forzarlo no hará que sea mejor. Te falta escuchar, te falta poner atención a lo que ha pasado dentro de tu caparazón. Ese caparazón te ha servido por años, pero de a pocos es bueno observar las grietas que ha hecho el magma que sale de tus entrañas y el perfume de magnolias fragante que sale de tu corazón. Me dices que te asusta, claro, no estás acostumbrada a los movimientos tectónicos internos que te mantienen en vilo por las noches y se muestran como bolsas azuladas de vez en cuando bajo tus ojos.

El movimiento se ha apoderado de ti y en movimiento te sientes mejor o eso has ido descubriendo. La cosa aquí es deshacerte de la idea de saber y nada más fluir. La idea de escuchar., de sentir. Recuerda aquella profesora que antes te parecía increíble por saberlo todo o al menos parecía que lo sabía todo, pero terminaste por inspirarte en aquella otra que siempre ha fluido por la vida, que lejos de coleccionar títulos e investigaciones, ha salido al mundo a hacer un cambio.

Siempre has sido tan buena a tu manera, manteniéndote al margen de lo que sabes que te conviene, dejando de lado tu propia canción. Lo que pasa ahora, es que esa canción se forma en el centro de tu barriga y resuena contra todas las paredes, las hace caer una a una haciendo espacio para todo lo nuevo por venir y todo lo que quieres recordar. No me digas que no te gusta la forma en la que sientes que te salen raíces de las piernas y te conectas hasta el centro de la Tierra. Tus ramas comienzan a expandirse y necesitan espacio de tu parte. Tampoco me niegues que te gusta sentir como las magnolias de tu corazón se abren, ya es tarde para detenerlas de ser fragantes y que te vuelvan gentil, porque siempre los has sido nada más que te enfrascabas en mostrarte fuerte.

Toda la vida quizás el ideal de fortaleza ha sido erróneo. Vas descubriendo que en tu caso, tu fortaleza sale del hecho de que tu corazón esté abierto. Te aterra el hecho de saltar porque aún no entiendes que en esa vulnerabilidad está tu fuerza, en esa característica está tu genuinidad. Quizás, sólo quizás, a veces tengas miedo a fallar o a ser una farsa por el hecho que te lo dejas todo para ti y pones sólo una pequeña parte, la parte que crees es segura para que el mundo la vea, pero sí te aseguras de mirar hasta el fondo de los otros. Lo que hasta ahora no sabías es que hay gente que logra ver más allá de la imagen que das.

¿Te asusta verdad? Tal vez en un tiempo no te asuste el hecho de la conciliación entre las partes. Ya estás despierta y creo que es hora que lo único que sepas es que ya no hay espacio en el caparazón para la expansión ni para la luz que pasa a través del cristal. El inicio es lo más difícil, la cuestión de ir confiando, en especial cuando tienes tanto tiempo de querer mantener el control y tratar de moldear todo a que salga de cierta manera, pero cómo disfrutas cuando las cosas se salen del molde. Disfrutas de sentir todo adentro bailar y cantar, ¿puedes sentir el brillo, las ondas de sonido que salen y lo bien que lo vas haciendo?

Tu cuerpo es quizás es lo que mejor refleja todas esas capacidades que ya están ahí, deseando salir y abrirse espacio en el mundo. Descubriste que tus brazos sí pueden sostenerte, que pueden suspenderte en el aire, soportar el peso de tu cuerpo en una parada de manos mientras tomas otra perspectiva respecto a la vida, de cabeza. Ya puedes ver la fuerza y la estabilidad que nacen del centro de tu ser, lo mucho que aquellas posiciones de balance te costaban y ahora puedes sostenerte sin problemas. Hasta tus huesos han aprendido a ser flexibles, se abren y se cierran según la situación, se permiten llegar más allá.

Tu columna se ondula desde la base de tu cráneo hasta el sacro y en sí todo tu sistema óseo es capaz de mayor movilidad con menor grado de dolor. Hasta la voz te sale de otro lugar y te sorprendes a ti misma cantando más de lo usual porque estás aprendiendo a que te gusta tu propia voz y la forma que hace eco por todas partes. Puedo entender que aún no confíes mucho en esto, mucho en vos, pero siempre ves lo mejor de los demás, les dices que se lo crean. Esta vez te toca a vos misma creer y confiar. En caso de que no quieras hacerlo por vos, hacelo por la voz que siempre tiene razón y ayer te murmuró al oído: Confía. Todo saldrá bien.

En esos ojos puedo ver que el punto de apertura y expansión es lo que más hace que te alejes del risco a pesar de lo mucho que deseas saltar al agua. Está bien que no sea perfecto y que de cierta forma el río arrase con lo que sea esté en su antiguo cauce e inevitablemente el agua tenga que salir por alguna parte. También está bien esa montaña rusa en la que pareces andar montada las veinticuatro horas del día y meter la pata. Si me preguntas, creo que es completamente natural y hasta bueno que te comportes de la forma que lo haces cuando estás cómoda, que dejes que la luz salga, que bailes en la silla del trabajo, que aunque te cueste, digas lo que sientes.

Creo que en este punto nos conocemos lo suficiente como para decir que disfrutas bastante el mostrar amor y compasión tanto dentro como fuera, porque nunca pensaste que serías capaz de hacerlo. No pensaste que podrías de a poco ir abriendo la puerta a los “te quiero”, “te extraño”, “lo siento”, “necesito ayuda”, “no me siento bien”, “no lo sé todo ni tengo por qué saber qué estoy haciendo” entre otros. Puedo sentirte sonreír al leer esto y cuando lo olvides siempre estará la voz o las señales en el camino que te lo van a recordar. No puedes seguir tratándote y a otros de la misma manera si ya no eres la misma, las cosas que quieres no son las mismas y probablemente si quieres algo diferente a los que has tenido, vas a tener que hacer cosas que nunca has hecho.

Respecto a tus vínculos personales, pasas mucho tiempo pensando en si les vas a agradar, la verdad es que hay que dar chance a que te conozcan y ellos mismos decidan si les agradas o no. Si quieren conocerte, probablemente desde ya les agradas. Ya se nota que estás cansada de mantener a la gente a la distancia, te gusta la cercanía y lo que viene con ella. Deja de resistirte y nada más permite que el perfume de las magnolias que sale de tu corazón se abra paso y haga del mundo un lugar más hermoso. Cómo en las visualizaciones: ve y brilla, lo demás irá cayendo. Recuerda que brillar ahora implica brillar también hacia fuera y que la belleza de las magnolias a su vez debe ser compartida.

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Corazón de tortuga

El amor debe sentirse mucho como esto, dijo mientras entraba al mar de a pocos, sintiendo cómo el agua le tocaba los dedos, las pantorrillas y luego la envuelve por completo. Su cabello flotaba salvaje en el agua salada y su cuerpo se encontraba a salvo, en paz y vibraba poderosamente. Podía sentir como todo dentro de sí cobraba vida, se movía con el vaivén del agua y cómo su corazón se acomodaba en su pecho con tal de brillar más, de abrirse espacio para crecer y burbujear.

Sentía que el flechazo era inmediato cuando olía la brisa salada, escuchaba el canto de las olas y de a pocos era seducida por el agua tornasol para entregarse al amor universal. Pudo sentir la Tierra cantar bajo el agua y con este canto, cantó toda ella. Sintió la sangre de la Tierra fluir a través de ella y la limpió cual vasija para que fuera capaz de recibir lo nuevo. Que recordara de a pocos de dónde venía y para qué. Lo que más sentía era un amor gigante, un amor más grande que ella y todas sus preocupaciones.

Desde que pisó la selva, todo dentro de ella despertó. Sus sentidos se agudizaron, todo se abrió suavemente y como una planta que recibe su alimento del sol, así empezó a sentir toda la sabiduría que cabía dentro de su ser, pasar desde su coronilla hasta al suelo. Miraba con los sentidos abiertos al mundo que la rodeaba y se dio cuenta que tanta magnificencia hacía que todo lo que había pasado esa semana fuera insignificante.

Después de largas caminatas y mantener su energía moviéndose, vio a su amor, el mar. El mar que siempre la esperaba de vuelta para cantarle la canción que ambos, su cuerpo y alma reconocían. Se sumergió y desde el fondo de su ser esperó que de tanto sumergirse, le salieran branquias como las que estaba convencida que alguna vez había tenido. Se sentía como en casa, abriendo los ojos en el agua salada y viendo con la mayor claridad el mundo submarino. Veía cómo cambiaba el color del agua y su temperatura conforme iba bajando y se dio cuenta que era especial.

Quiero quedarme en este lugar, se dijo a sí misma. Nadó en todas las direcciones, nadó bajo el agua, nadó de espaldas y se detuvo a flotar, a confiar en el amor que le brindaba esa enorme pieza dinámica de aguamarina que la limpiaba de toda preocupación, sin embargo, traía a la superficie cuestiones que ella pensaba que no sería capaz de manejar. Pudo sentir su corazón burbujear bajo la superficie de su piel, con la voluntad que siempre ha tenido para hacer lo que le da la gana y a la vez, hacer que el sol brille tanto en su vida como en la de otros.

Era como si su cuerpo comenzara a recordar de dónde venía, de aquel lugar al que siempre volvía al cerrar sus ojos y a la vez sentía a la Tierra, su madre actual, fluir toda a través de ella. Curiosamente enraizada a pesar de no tener los pies puestos sobre el suelo y sentía la ballena de su voluntad moverse a gusto, el pulpo magmático de su conexión con la Tierra mover cada uno de sus tentáculos, su corazón de tortuga marina flotar por todo el espacio y las flores de su caparazón abrirse con cada beso del mar. Y por medio de su cabeza, recibía el amor y energía universal. Toda ella vibraba y esperaba que una de tantas olas que le acariciaban, sus branquias volvieran a salir o al menos recordar de dónde había venido.

Con los ojos bien abiertos bajo y sobre el agua a lo largo divisó algo que era similar a una hoja, pero al acercarse, era como si su corazón hubiera salido de su cuerpo y nadara en el agua en forma de tortuga marina, verde, llena de vida. La tortuga nadaba despacio, sabiendo dónde iba, nada más escuchando su instinto. Sacaba la cabeza y respiraba y luego se internaba en las profundidades del mar. Ella se acercó la segunda vez que vio a la tortuga, quien parecía esperarle como para darle un mensaje. Al estar cerca, sintió que iba a explotar de tanta emoción y con suavidad, acarició su musgoso caparazón y antes de que se internara nuevamente en las profundidades, las palabras te amo salieron de su boca.

Estaba aprendiendo a amar su humanidad diferente, a amar el envase en el que había sido puesta en el mundo y atravesaba la dura batalla de la conciliación en la que debía tomar el camino que el mar y el universo con amor le señalaban, sin embargo su mente le jugaba malas pasadas y trataba de refugiarse en sus viejos y malos hábitos. Poco a poco se dejó ir, arrullada por las olas del mar quienes nada más le dijeron: confía, no hay nada de qué huir, muy dentro aún tienes esas branquias y has sabido irte adaptando al mundo, sólo ve y llénalo de amor.

Al ponerse el sol, debe salirse del mar y una vez más se separan, pero algo ha cambiado. Va llena de amor hacia el mundo, de gratitud, de un nexo que antes no tenía. Ve, mi pequeña valiente, ve a hacer para lo que fuiste diseñada: amar como te enseñé, le dijo el mar en un último susurro al besarle los pies y si te queda la duda, háblalo con la luna. Ella salió y se despidió con un beso que esperó llegara hasta lo más profundo del océano en eterno agradecimiento. El mundo no sería fácil, pero sabía que no estaba sola, había todo un mundo por descubrir que estaba con ella a cada paso del camino elegido.

Confusión

A veces no sé cómo me siento respecto al mundo exterior. En este punto sólo quiero esconderme de él y alejarme lo más posible de todo lo que alguna vez pensé amar. Amar es una palabra muy fuerte, cariño y aún así siempre te juegas el chance cuando te das al mundo con poca armadura. Quiero olvidar un poco el brillo de los ojos de aquella noche, quiero olvidar aquella noche en parte, quizás olvidar pequeñas partes de la semana que pasó y de esta también.

Olvidar y huir esa sería una buena combinación, en un bote en medio de la noche, remar entre las estrellas y ahí encontrar un refugio mientras hago círculos con mi dedo gordo en el agua y miro hacia abajo. La presión empieza a escaparse por las boquillas y el vapor sale en forma de lágrimas por los ojos. Cómo quisiera que estuvieras aquí, tal y como solías hacerlo. Te extraño murmuré a través de la respiración entrecortada. Toma mi mano esta noche por favor y méceme. Méceme mientras acaricias mi cabello y me digas que no tengo nada de qué preocuparme.

Acúname en el cachito de luna que hay en el cielo y recuérdame por qué sigo siendo valiente. Recuérdame por favor por qué me detuve. Ríe conmigo por favor, llámame por mi nombre como cuando solíamos jugar en la oscuridad y me había perdido, como el día en el patio. Sostenme por favor, sollocé. Me siento como una hojita en medio del viento, me estremezco y me desmorono. Abrázame que me esfumo, que exhalo y dejo de existir. Protégeme del sol, protégeme del calor, protégeme que me derrito. Sécame las lágrimas con tu mano por favor que me hace falta un lugar donde descansar, no una cama para dormir, sino un lugar donde poner estos ojos cansados y este cuerpo hecho jirones de luchar.

Las gotas de lluvia ruedan por mis mejillas y sé que no podré tomar ese bote al firmamento, ni hacer de la luna mi cuna por una noche y que probablemente este monsón no va a parar pronto. Mis pesadillas han vuelto y no puedo sortearlas yo sola, pro favor vuelve aunque sea unas cuantas horas esta noche para sentirme fuerte, para sentir que mi corazón va a latir más fuerte mañana, para que aunque sea en sueños me digas que todo va a estar bien. Por hoy, sólo por hoy quiero ser pequeñita y caber en tu corazón, en otra dimensión y que me acaricies hasta que ya no haya más lágrimas en las cuencas de mis ojos. Amaneceré marchita y beberé agua para revivir y luechar un dia más por la vida que te prometí. Ni yo sé bien cómo voy a lograrlo, pero por esta noche, sólo por hoy vuelve a mí, por favor, por hoy llévame a casa.

Will do.

El mar te llama por tu nombre, se lo sabe de memoria, recita las cinco letras de este con su voz de espuma. Te susurra al oído: ven, vuelve, es hora. Sientes entonces como el olor a agua, el canto de su vientre te envuelve y la brisa te acaricia el cabello. Todo dentro de ti baila y clama por el agua que te llama. En sueños aparecen sus olas, te transformas en ola y te deshaces en el mar. Esa eres tú, la que cuando cierra los ojos siente cómo se zambulle en el océano, como la vez que saltaste del segundo piso de un barco y aprendiste a confiar y también el mar se vuelve estrellado como la noche que tanto amas. Así eres por dentro, sin miedo, has aprendido a bucear, a nadar por las profundidades y a conocerte sin prejuicios.

¿Qué sientes cuando cierras los ojos? ¿Se siente igual que cuando los tienes abiertos? Me sonríes con esa cara de niña traviesa y sé que no es así. Siempre has sido como el bambú, que las raíces crecen primero hacia dentro y luego se empiezan a ver los pequeños troncos. ¿Podrías contarme un poco más de tu camino, viajera? A veces te siento lejana, como si no pertenecieras a este mundo, con esa sonrisa sincera y corazón cálido y otras veces estoy completamente convencida que tus pies tienen raíces móviles en este planeta.

Entonces te sientas a mi lado, con tu risa de trueno y tu voz de huracán. Siempre he pensado que en algún momento tendríamos que calzar tú y yo y que realmente ninguna otra relación calzaría bien hasta que no calzáramos, Sé que no siempre has pensado así, alma de agua salada, A pesar de haber escogido este cuerpo para habitarlo, muchas veces has querido huir, como todos los años en los que no pude prestarte atención por adaptarme, por sobrevivir para que tuvieras el espacio completo para tomarlo, para llenarlo con tu luz y tu sabiduría.

Vos que sos mi alma y por ende soy yo, sos la relación más importante de mi vida y quiero mantener tu templo bien para que podamos hacer cosas maravillosas en el mundo. Cristalina te siento recorrerme y como la brisa del mar, me tomas de la mano y me llevas en uno de los viajes más caóticos y hermosos de mi vida. Hasta hace poco, sentía o pensaba que nuestros órganos no eran más que tejidos y ahora he descubierto un mundo de movimiento y vida, aquí, justo debajo de esta cobija de piel caramelo que nos cubre.

El viaje ha sido indescriptible. Descubrimos juntas que nuestro corazón tiene un jardín. Es hermoso, extenso, verde, con árboles y flores de colores que perfuman cada latido verde y nos permiten transmitir esta sensación de lugar acogedor, dulce, refrescante, como en el que crecimos cuando aún no estábamos maleadas por el exterior. ¿Recuerdas cuándo hablábamos con los árboles, las flores y el sol? Algo así es lo que hemos recreado, con sus curvas, colinas, frutas, abejas, mariposas, pajarillos que cantan y se salen por nuestra boca cuando cantamos en el trabajo. El zacate roza nuestros pies descalzos que caminan sobre la tierra de ese jardín y oímos el susurro de un arroyo. Con razón la energía verde emana de este pecho con tal fuerza, hemos cultivado bien las rosas, las margaritas, las lavandas y todas las otras plantas medicinales.

De tu mano he conocido mundos submarinos que llegan hasta mis pies en mi centro de voluntad. Me permeas con tu risa y la simplicidad con la que ves la vida. A veces siento que somos como dos que de a pocos se van convirtiendo en una. Cada día soy más, más esa risa, más esa frescura, más esa vida que exhalás y me deshago en las olas que vas creando. Soy menos, menos límite, menos impulsiva, menos agresiva. No cambiaría el momento en que llegaste como un vendaval, a abrir todas las ventanas y decirme: la casa necesita aire, nos necesita, te necesita.

Llegamos al volcán que creía dormido en la base de mi tronco, pero una veta de magma me indicó que estaba vivo. Ese volcán no ha dejado de arder desde que te manifestaste, me llena de calor por dentro, me pide imperativamente que baile, que cante, que me mueva y que deje de usar tanto el cerebro para pensar, para “arruinar” cosas que están bien, para que esté más aquí en el presente y recuerde a qué vine. Algunos días después me enseñaste que no sólo era un volcán vivo, sino que también es jungla. Una jungla frondosa, virgen, llena de vida, resiliente a todos los pesticidas que han llegado a nuestra vida desde que mostramos que no íbamos a ser comunes. Veo las flores salvajes, tropicales que exhiben sus rojos, naranjas y amarillos entre el verde de la vegetación, los animales andan libres y las serpientes amistosas me comparten su sabiduría ancestral y me invitan a volver.

Hablando de volver, pequeño cristal, hace unos días en uno de nuestros viajes escuché que ya nos habíamos adaptado al mundo en el que vivimos pero era hora de recordar. No sé exactamente qué tengo que recordar, pero sé que de a pocos me vas guiando en la dirección correcta, sanándome las heridas con las cálidas caricias que me demuestran que el mundo de ahora no es el mismo del que salimos hace un tiempo. Me voy convirtiendo en ti y eso es lo que más deseo. Deseo que me recuerdes el camino, camino en el que hay cuevas llenas de dibujos en las paredes con flores, animales, lanzas y se oye a lo lejos los ancestros diciendo: te hicimos valiente, guerrera, pero con corazón. El corazón es tu brújula, pequeña. A veces me pregunto cómo seguiremos esa brújula si seguimos fijándonos en los brillos alienígenas de ojos verdes y cafés cada cierto tiempo.

Me has mostrado cavernas llenas de cristales y de gemas, donde me queda cada vez más claro que fuiste confeccionada en algún lugar lejos de aquí y luego inmersa en el océano para que escogieras tu forma humana y la llenáramos juntas. Esta caverna me ha parecido increíblemente mágica, como de algún lugar que conozco sin realmente conocer y ahí es donde esa frase se quedó grabada en las paredes decoradas con flores de nuestor interior: Ya te adaptaste a este mundo, es hora de recordar. Y escuché otras palabras en un lenguaje extraño que aún no he podido adivinar, miré hacia arriba y mi centro de voluntad estaba convertido en una enorme ballena amarilla que se mueve a su antojo, que vibra con la música y se deja amar sin ser enjaulada.

Recorrimos toda nuestra columna y nuestros huesos, exploramos cada coyuntura y vimos que no necesariamente deben ser rígidas. Aprendimos a movernos con el viento y las vibraciones que recibimos, que el poder no proviene de un estado de incomodidad y rigidez, sino de uno de flexibilidad, de expansión. Miré cómo con el paso de los días te has apropiado del espacio y me dejo llenar por vos mientras cantamos nuestras canciones ancestrales bajo el cielo estrellado. Me haces ver que no soy convencional, que es hora de aceptarlo, abrazarlo y aceptar la misión una vez descubierta. ¿En qué momento descubrimos que podemos transformar la luz blanca en miles de colores a través de nosotros?

Nuestro más nuevo descubrimiento es que nuestro cerebro nada de forma de ondulaciones dentro del fuerte cascarón de nuestro cráneo, que nuestro corazón baila con nuestra respiración, como si fuera un tambor ajustado y lleno de vida y el vientre que usualmente duele y está cansado, se mueve de a pocos de lado a lado y da pequeños saltitos diciendo que estamos vivas. Gracias por visitarme, por llenarme de toda la vitalidad que tienes al punto que me absorbe y me hace cuestionar todo lo que conozco. Después de aquella semana fuera, sabíamos que todo iba a cambiar. Lo bueno es que aún tenemos un camino por recorrer y conocernos, los cambios los iremos sorteando a como vayan pasando. Cada vez que quieras que te complazca, lo acomodaré en el horario que hemos creado más flexible y te diré: Will do.

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Sr. Abejorro

Estas cuantas líneas van enviadas al mundo, no sé si para ser replicadas, si para inspirar, si algún día serán leídas o si simplemente son una forma de procrastinar mi estrés. No estoy muy segura de qué hacer en esta situación, pero desde hace unos días, las letras rondan por mi cerebro y me dicen: escríbeme. Acá vamos.

Llegaste hablando de insectos de todo tipo y hasta el momento no había escuchado a alguien hablar con tanta pasión acerca del mundo natural, no al menos en un tiempo, no de la forma en la que lo hace ver tan fascinante y a los humanos tan pequeños. La forma de hacerme recordar que todas las especies tenemos algún tipo de vínculo, de cultura que nos diferencia y que a la vez nos vuelve iguales. Te mostraste, como un cachorro que recibe bien las caricias, pero que también sabe hacer que quieras jugar. Volviste a llenar el mundo de novedad respecto a temas no rutinarios ni aburridos de adultos a los que tenemos que adaptarnos a ser.

De todos los insectos que hemos hablado, creo que el que mejor te sienta es el abejorro. Sonará cliché y absurdo, pero me pasó las de la flor que tiene escondido su polen y de a pocos, el abejorro con su vibración fue sacándolo con paciencia. Esto hasta que en dado momento me vi, expuesta, con mis fallas y polen fuera, no siendo tan ruda, estructurada y perfecta, simplemente mirando las olas del mar de tu cabello y las constelaciones dentro de tus ojos.

Señor Abejorro, hablamos de no involucrarnos, pero creo que es un poco tarde para decir esa cosas, cuando ya la energía se mezcló. Es simplemente una cuestión de andar con cuidado por el campo de flores espinosas y con oculto polen. Es comprensible que la planta tenga espinas y que el abejorro vuele aún con una de sus alas quebradas. Puede que en algún momento pueda volar libremente cerca de la flor, puede que no, peor su vibración llegó a la flor y el polen de ella, ya llegó a usted y eso es algo que por naturaleza, ya no se puede retroceder.

Jauría

Éramos una manada de tres, hasta que ayer te fuiste y el no saber dónde estás me carcome el alma. Es como si me hiciera falta una parte de mí misma, imagino que eso pasa cuando se es parte de una jauría, aunque fuéramos sólo tres. Si pudiera aullar, aullaría tan fuerte que podrías escucharme y volver a casa, si pudiera olfatearte como tú a mí, seguiría tu rastro hasta encontrarte y verte mover la cola una vez más al escuchar mi voz.

Te perdiste ayer y la otra negra y yo ya te extrañamos. Hace falta tu alegría en la casa, se siente callado, solo y frío. Mi instinto te busca en cada vez que abro la puerta y espero que aparezcas de la nada en la puerta, quisiera que pudieras encontrar el camino de regreso. Te llamé, grité tu nombre mientras corrías y sentía miedo, miedo de que te pasara algo, te busqué hasta caer cansada mientras lágrimas enormes bajaban por mis mejillas. No puedo imaginar que hayas pasado una noche lejos de tu casa, de tu jauría, del cómodo sillón que siempre tendrá tu olor, tus juguetes, tu tazón de comida.

El no saber si pasaste frío, hambre, si estás golpeada, si nos extrañas, me desgarra las entrañas. Me rompe en pedazos pensar que no sé qué pasó contigo después de que cruzaste la calle, sentí tu temor, tu cansancio y siento un enorme enojo por no haberte podido proteger tal y como lo haría el líder de la jauría. Si hubiera corrido más rápido, si te hubiera sujetado más fuerte, si no hubiéramos pasado por ahí, hay tantas cosas haciendo eco en mi mente, junto con los sollozos de mi ser perruno interno que lloran por volverte a ver.

Mucha gente podrá no entender por qué todo esto por un perro, pero vos no eras simplemente mi mascota, eras mi compañera de estudio junto con tu hermana, mi consuelo en los días grises, una de mis razones para ser mejor cada día, eran ustedes dos quienes me recibían cada día al volver del trabajo, una esperanza para ser más como ustedes dos: compasiva, leal, divertida, energética, agradecida, cariñosa y miles de cosas más que tal vez de momento no supe ver.

Cambiaste tanto en estos dos años que estuviste con nosotras. Llegaste tímida, arisca, agresiva y poco a poco, con paciencia, amor, caminatas y mucho trabajo de parte de tu hermana, te fuiste soltando, al punto de jugar con otros, mostrarnos tu vulnerable barriga y acomodarte con nosotras como una más del clan. ¡Hasta aprendiste a comer vegetales y recientemente estabas aprendiendo a hacer caso!

Sé que no podrás leerme y que no puedes escuchar el dolor de tu hermana y mío, pero quisiera que sientas que deseo que regreses a nosotras, a que esta manada no esté incompleta ni se sienta vacía. Si no estás en posibilidad de volver, quiero hacerte saber que no pararé de buscarte y que mi can interior no dejará de poner atención a todos los posibles lugares donde puedas estar. Tendré el corazón, los ojos, las orejas, todos mis sentidos ampliamente atentos para encontrarte. Aunque si ya no vuelves más, espero que tu nueva manada sepa cuidarte bien, que te dé toda la atención, mimos y amor que mereces. Acá en nuestra jauría, siempre tendrás un espacio y nadie logrará ocuparlo.

-Aúlla mi alma tan fuerte como puede con tal de que puedas escucharme.