Despertar

Me gusta como cae la lluvia aquí, no es como en la ciudad que se le ve más como una molestia que una bendición. Mis pies descalzos se encuentran con la arena debajo de ellos y el beso del mar cada vez que llega a la orilla. Camino bajo aquel aguacero, solamente el mar, la arena, la lluvia, mi bulto y yo. Miro el mar con el amor más profundo que puedo sentir y me siento despertar. Siento esas mismas olas salvajes ir y venir dentro de mí. El agua abriéndose paso por instinto e irrigando todas aquellas áreas que yo consideraba que estaban secas.

Mi vida comenzó a dar un giro en las últimas dos semanas. semanas en las cuáles he sido capaz de mirar más allá y darme cuenta del potencial que puedo tener. Estoy llena de amor, llena de luz, de esa agüita bendita que enciende y refresca todo mi ser. Esta vez el amor que tiende a destruirme, me ha ayudado a mirar hacia adentro y a edificarme de maneras que no sabía que eran posibles.

He visto mis patrones desarrollarse en la palma de mi mano y quiero corregirlos. Quiero poder ser libre de ellos una vez que conozca su origen. Estoy enamorada una vez más, pero de una forma totalmente desconocida para mí. De una forma en la que me he vuelto a enamorar de la vida, de las infinitas posibilidades que se presentan ante mis ojos, del verde de la naturaleza, del mar que nunca he dejado de amar, de la lluvia y de aquel ser que con su luz vino a permear mi vida de sonido, de color, de tantas cosas que parecían haber quedado enterradas en un pasado.

Miro el mar con profundidad, me acerco deseosa a él, deseosa de ser consumida, revolcada y nuevamente sentir que de alguna forma pertenezco a este mundo. El mar me abate con su fuerte oleaje, el día de hoy es un mar salvaje, indomable bajo la lluvia. Me recuerda a mí misma en muchos momentos de mi vida. Una gran ola viene y me sorprende, tal y como la vida me ha sorprendido con la oleada de tu presencia. Me río y disfruto que me despeine, que me llene de agua salada y arena, que me haga sentir viva de nuevo.

Me siento despertar nuevamente debajo de todas las capas de orden y de cemento que he vertido sobre mí para llevar a cabo esta aventura que se llama vida y de alguna forma pasar desapercibida en mi paso por la misma mientras recojo los pedazos de mi infancia y me vuelvo a armar. Me has visto tal y como soy, lejos de alejarte, eso te ha atraído como una polilla a la llama y has danzado conmigo esta danza de despertar.

Se aviva el juego del mar con mi cuerpo, con mi cabello y me río eufórica, enamorada de este momento, bailo y me regocijo en estos instantes de soledad en la playa. La playa está vacía y eso me da más confianza de ser yo misma en mi propio mundo que está de cabeza pero extrañamente todas las piezas comienzan a calzar. Quiero ser absorbida por el mar y convertirme en agüita salada, en esta cuestión atemporal, en esta vasta finitud de agua y deshacerme, desdoblarme, hallar mi lugar.

Voy despertando en cada respiración, en cada movimiento, en cada risa, en cada suspiro que te robas y en el latir de mi corazón. Despierto en el mar y siento como mi cuerpo se cubre de naturaleza, como en la danza regreso a la vida y de nuevo acá estoy como por arte de magia, de nuevo brillante, de nuevo amorosa, gentil y salvaje. Mi aventura se reanuda a pasos agigantados y ciento como las flores en mí comienzan a abrir sus botones ante la lluvia y al tímido sol de Jacó.

Acá estoy, ya no tengo los ojos cerrados, ya no me doy por vencida. Estoy despierta, estoy valiente y estoy lista para esta nueva danza que aparece en esta aventura llamada vida.

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Ojos color magia

Cae la lluvia a cántaros en el jardín y no puedo mirar las gotas a través de la oscuridad de la noche, solamente puedo escuchar su constante golpeteo en el techo. Inhalo profundamente y la almohada aún huele a vos, puedo percibir entre las cobijas un ligero fantasma de tu presencia y me doy cuenta que te extraño. Hace mucho no compartía mi cama con nadie y de cierta forma deseo que tu compañía me acompañe un par de días más. Descubrir esto que siento por vos es difícil porque siempre he querido hacerme la ruda, la fuerte, la impenetrable, pero de alguna forma tus ojos color magia han hecho un hechizo conmigo.

Reconozco que no he tenido la mayor apertura pero al final siempre demuestro estar ahí, viéndote brillar de alguna forma con esa luz tan particular que emanas desde el día que te vi por primera vez. Siempre me has hecho temblar como una hoja al viento, haces lo que hace años nadie lograba conmigo y quizás eso es lo que más miedo me da de todo esto. Te veo a los ojos y veo un mar de calma, de aceptación, de afecto y de felicidad que hace mucho no veía. Tus ojos mágicos que me encanta ver cuando se abren al despertar o cuando miran fijamente a mis ojos oscuros y salvajes.

Desde el momento en que sentí tu abrazo, las cosas no fueron las mismas. Me hago la fuerte, la que no te extraña, la que puede manejarlo pero realmente me carcome la duda. A veces mis inseguridades toman lo mejor de mí y olvido mucho de lo que tengo para ofrecer aunque ya has visto lo que soy. Quisiera poder hacer tantas locuras y tener tantas aventuras contigo como pudiera. Quisiera decir sí a todo sin miedo a sabiendas de que la vida es muy corta y la magia no es eterna. Quisiera que los momentos a tu lado duraran años y que se congelara el tiempo cuando te miro.

Te preguntas por qué te observo y te sientes incómodo, pero trato de leerte, de reconocerte, de guardarte en el collage desordenado de mi memoria. Hueles a felicidad, a recuerdos de cuando los tiempos eran más sencillos y suenas como un riachuelo que me arrulla y siento que no tengo nada que temer. Me encantaría sentir más constancia de tu parte y no sentir que solamente yo estoy en medio de este torbellino de emociones hacia vos. Sos verdaderamente especial, como el recuerdo de la primera vez que comí chocolate o que mis pies tocaron la arena siendo niña.

Me gusta que me hagas sacar todas las aristas de mí y a la vez me aterra la facilidad con la que puedes desestabilizarme al ser capaz de ver todo de mí aunque no te des cuenta. Me he abierto cual flor de loto contigo, te he tenido confianza, pero me cuesta muchísimo esto último. No sabés lo mucho que me cuesta confiar o tal vez sí, quién sabe qué pase por esa cabeza tuya. Me encantaría saber qué son las bobadas que piensas, lo que sientes por mí, mi deseo de validación, de aceptación.

Me hace falta perderme en tus brazos, dejarme llevar por el vendaval de tus labios, derretirme ante la dulzura de tu mirada y que sostengas mi mano a través de todo esta aventura. Yo no creía en la magia desde hace mucho tiempo y me había cerrado completamente a pesar de que me había lanzado en otras aventuras. Siempre acorazada, con un caparazón grueso y los ojos apenas abiertos, el corazón congelado, las manos frías y la vista nublada por el temor. Tu magia me ha despertado nuevamente, me ha traído de vuelta y no puedo creer que dentro de mí aún viva esa pureza, esa frescura, ese calor que hace que quiera darme por entera pero mi lado cauteloso me grita que me mantenga al margen, que es un imposible, pero mi corazón se ha vuelto indomable, salvaje, desde que derretiste las capas de hielo que le cubrían.

Espero que no leas esto o que si lo lees no te asustes de la magnitud de mi cariño por vos y lo que me has transformado en poco tiempo. Me haces brillar de dentro hacia afuera, me siento segura, me siento fuerte en mi vulnerabilidad a tu lado. Esos ojos color magia me han hechizado definitivamente, esos brazos de roble han despertado mi alma de hada y el ritmo de tu corazón ha puesto de fiesta todo mi cuerpo. No sé dónde pare todo esto, pero te agradezco infinitamente por llevarme a una versión más hermosa de mí, más genuina, más real.

Entre sueños y coincidencias

En mi sueño saltaba de varios riscos, de más pequeño a más grande y finalmente por accidente me caía del risco más alto y filoso que había. El risco tenía varias piedras filosas y árboles a los lados, era sumamente alto, lo más que podía hacer era ver el agua esperándome abajo. Era casi el atardecer y de alguna forma mi pie resbaló del borde del peñasco y caí. Extrañamente no estaba asustada, estaba tranquila porque ya lo había hecho otras veces aunque fuera de alturas más bajas. Veía el agua acercarse cada vez más, brillante, olorosa a sal, tranquila a pesar de poder romper contra la pared de piedra, simplemente esperándome de alguna forma.

Caí al agua y era profunda, tranquila, azul como ella sola y hacía un silencio espectacular. Podía mirar el fondo de alguna manera. Estaba compuesto de rocas pequeñas y un poco de arena. Mi cabello se ondulaba en el agua y mi cuerpo era liviano. El miedo no existía en ese lugar, era abrazada por el vaivén sutil del agua y de alguna forma podía respirar debajo del agua. No es la primera vez que sueño con agua, no es la primera vez que descubro en sueños que respiro debajo del agua, que no tengo miedo y que siento una inexplicable paz en el silencioso arrullo del mar.

Pero mis sueños no siempre son continuos, a veces termina una escena y prontamente aparece otra. En esta ocasión apareciste vos. Vos a quién tengo más de seis años de no ver y quizás un poco más de no hablar. Quisiera decir que no te quiero, que no te extraño, que no me hace falta la singularidad de nuestro vínculo. Siempre te desearé absolutamente lo mejor y querré que triunfes en lo que sea que hagas. Creo que ya no hay forma de que vuelvas a conocerme y te des cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas por aquí. Tal y como en el sueño, quisiera poder disculparme por haber sido una cretina, cuando de tu lado no había más que bondad. Quisiera poder decirte lo mucho que lo siento, lo mucho que agradezco tu presencia pasajera en mi vida y la luz al final del túnel que fuiste para mí.

Fuiste un oasis en medio del desierto que era mi vida y lamento tanto todo lo que pasó. A veces quisiera que las cosas hubieran salido diferentes. Quisiera que cerca del final no me hubieras visto con tanta rabia, resentimiento y odio. Quisiera no haberte lavado la voluntad y haber roto tu inocencia con mis espinas voraces. Cómo quisiera poder abrazarte y disculparme por mil cosas de las que no estoy orgullosa, pero que pasaron porque no sabía cómo más reaccionar. Quisiera que supieras lo importante que eras/sos para mí, que nunca fuiste insuficiente, que siempre fue más que suficiente todo lo que hiciste por mí.

Gracias por mostrarme que el mundo no era un lugar aterrador, que también quedaba mucho amor en él y mucha bondad. Gracias por inspirarme confianza, por impulsarme y no dejarme nunca en los peores momentos. Gracias por el brillo de tus ojos cafés sobre el cielo pecoso de tus cachetes. Gracias por acompañarme en medio de la tormenta y esperar a que pasara aunque eso te destrozara y te cambiara por completo. De verdad no sabes cuánto lo siento y cuánto quisiera recompensarte. Sé que nunca leerás esto pero es mi forma de cerrar el ciclo que nunca supimos cerrar. Un ciclo en el que nos hicimos mucho daño yendo hacia el final.

Perdón por haber despertado hasta que ya era muy tarde, perdona por haber florecido hasta que ya se te había agotado la paciencia. Si tuviera una forma de mostrarte que el mundo no es un mal lugar después de mí, lo haría. Te diría que no todas las personas van a reaccionar igual y que vos nunca fuiste el problema. Quisiera mostrarte lo valiente, lo maravillosa y fugaz que fuiste. Creo que por más que quiera olvidar lo que pasó, siempre vas a acompañarme como una sombra cálida en mis pasos. Gracias por quererme aún en mis puntos más bajos, gracias por apuntarte a cada una de mis locuras y gracias por simplemente ser una de las mejores coincidencias de mi vida.

No espero que me leas, ni volver a verte, sólo espero poder soltarte para finalmente reconocer mis patrones inconscientes y mejorar. Quizás nunca puedas verlo, mucho menos sentirlo pero te agradezco que hayas sido esa motivación para estar mejor. Tal vez en algún momento con estas manos vacías y este corazón abierto al vacío pueda volver a amar, pueda volver a sostener la mano de alguien en público, pueda volver a sentir sin miedo. Sin miedo de lastimar o de ser lastimada. Quiero dejar de lado esta culpa que me ha carcomido por años y finalmente entender que hice lo mejor que pude con lo que tenía. Como con el risco, me fuiste acostumbrando al agua y eventualmente podría ser que por accidente o voluntariamente me lance a esa aventura que llamamos vincularnos sin tener un pie afuera todo el tiempo, sin excusas, sin nada que me limite.

Entre sueños y coincidencias me desgajo y me reencuentro con la magia, con lo primario, con lo inconsciente. En medio de un abrazo y un par de lágrimas, siento la esperanza renacer y por fin, te suelto.

Carta

Queridos enojo, miedo e ira:

Esta es una carta muy especial para ustedes que durante mucho tiempo me han sabido mantener a flote y de alguna manera me han enseñado a protegerme. Quizás las maneras no sean las mejores pero de donde venimos es lo que aprendimos para sobrevivir. Siento que hay mucho de lo que tenemos que conversar pero primero me gustaría que se muestren ante mí de manera que podamos trabajar juntos en esta aventura que llamamos vivir. No voy a reclamarles por las veces que se nos ha salido de control o las veces que nos hemos saboteado, simplemente lo que deseo saber es de dónde vienen para que ya no estemos tan enojadas, iracundas y miedosas.

Quería escribirles esta carta porque siento que tenemos mucho que reconciliar entre nosotros y nuestros vínculos. Yo sé que vincularnos nos cuesta, nunca ha sido fácil y desde el lugar que lo hemos venido haciendo tal vez no ha sido el mejor lugar. No hemos aprendido aún nuestro lugar y cuándo debemos salir a flote. Aunque todavía nos tornamos como de púas o alambre navaja, les agradezco que cada vez van cediendo más espacio a otras emociones y comportamientos nuevos que me han permitido ir viviendo de una forma diferente.

Quiero entender de dónde vienen ustedes, cuáles fueron las situaciones que hicieron que me acompañaran tanto tiempo y qué tanto está ligado el dolor a ustedes. Quiero que podamos ser libres de todo esto, resignificarlo, habitarlo y que no tengan que trabajar horas extras para protegerme de monstruos que ya no existen. Tienen una razón de ser, de existir, de haber sido una parte tan fundamental de mí durante mucho tiempo.

Me pregunto cómo puedo hacer para conocerles sin que me sobrepasen y podamos tomarnos un café todos juntos para descubrir qué es lo que ha pasado todos estos años que no hemos sido capaces de amistarnos y poder aprender a encausarnos de la mejor manera. Me gustaría conocer sus raíces, despacio, que se muestren ante mis ojos y que juntos podamos resolver esto que tenemos en las manos para no sabotearnos, para dirigirnos a las personas y situaciones correctas. Quiero quererles desde la compasión, desde el amor, para sanarnos mutuamente y continuar esta aventura juntos de una mejor manera.

Un abrazo cariñoso desde ya y con el deseo de poder trabajar juntos lo que nos queda de recorrido.

El injerto

Muchas veces no se sabe cómo se desarrollarán las cosas, se dice a sí misma mientras atiende el jardín por la mañana. Ya esta semana se ha vuelto un ritual salir a mirar las plantas por lo menos una vez por la mañana y darles un poco de agua a aquellas que lo necesiten a pesar de las lluvias que han estado cayendo. Mira el injerto que tuvo que sembrar en la tierra pues se desprendió de la planta y aunque casi no tenía posibilidades de arraigarse, sus hojas no están marchitas y muestra uno de sus botones levantado con orgullo. Siempre sorpresas, se dice a sí misma a pesar de que ella sabe que ha estado cuidando de esa planta con esmero desde que le dijeron que la pusiera en la tierra y esperara a ver si enraizaba.

Su jardín y ese injerto realmente le recuerdan un poco a la percepción cambiante que tiene sobre el amor. El amor siempre es sorprendente a pesar de que sea lo esperado, como la floración de sus plantas, pero siempre le sorprende cuando abren los botones y las flores se dejan ver. Para ella últimamente la imagen del amor ha ido cambiando paulatinamente en su camino de autoconocimiento de mirar hacia dentro y descubrir qué es lo que realmente desea. El amor, tal y como sus plantas tiene su tiempo de enraizar, de crecer y de florecer. Como diría mamá, todo a su debido tiempo llega.

Distancia

Les separa la distancia. Estuvieron tan lejos y a la vez tan cerca en un abrazo con un sólo latido. Maldita distancia y maldita pandemia, se dice hacie sus adentros mientras intenta recordar el café de sus ojos brillosos y la sonrisa tenue en el rostro de aquel extraño que ha puesto su mundo de cabeza. No queda más que crear un ambiente de cercanía por medio de mensajes pero es tan difícil se dice. Hace falta la cercanía de su voz, el cantadito diferente de su acento y por supuesto la calidez de sus brazos. Decidieron dejarlo fluir pero a ella el lanzarse en esa aventura le provoca cierta ansiedad y desea salir corriendo.

Recuerda con amor ese primer abrazo en una noche cercana al ocaso del año y lo bien que se sintió. Se sintió como si se conocieran de algún otro lugar, en algún otro momento. De a pocos, recuerda su olor, recuerda la sensación eléctrica que la recorrió en ese primer encuentro. Hablaron de todo y de nada en un espacio de dos horas aproximadamente y ella no quería que ese momento acabara. Sentía un deseo fuerte de tomar su mano y besarle suavemente, de alguna forma dejar una huella aunque fuera pequeñita en el pasaporte de su corazón. Lo deseaba, como desean los niños a los dulces.

Esperó que de alguna manera esa sensación cediera y no deseara nada más con su nuevo extraño favorito pero más bien esperaba con ansias su retorno aunque fuera solamente un par de horas o días en los que pudiera acompañarle. Soñaba algunas veces con su rostro, con su cuerpo, con todo él. El ansiado día llegó dos meses después y el chispazo nuevamente encendió el calor de su cuerpo y su corazón.

El brillo de esos ojos cafés era tal y como lo recordaba. Una mirada intensa, curiosa y penetrante como el olor del café por las mañanas. Lo tosco de sus manos contrastaba con la delicadeza de las de ella y se entrelazaban suavemente una con la otra. Se sentía como si su historia hubiera comenzado hace mucho tiempo atrás y no fueran un par de extraños que recién se veían por segunda vez. Su cuerpo sentía sed del cuerpo de él, sus labios querían beberse los de él y calmar esa sed que había despertado meses atrás bajo la luz amarilla de aquel restaurante.

No estaba acostumbrada a esa sensación. Ella era más bien distante, pero esta vez no podía contenerse y quería absorber cada segundo a su lado, estar lo más presente posible, sentir lo más que pudiera pues no sabía cuándo se volverían a ver. Le dijo te quiero mirándolo al universo de sus ojos oscuros mientras le tomaba de la mano y lo selló con un beso cariñoso asumiendo que sus ojos se desbordaban de afecto y toda ella estaba envuelta en una nube de cariño. La magia de los latidos de ambos se acompañaban mientras su cabeza reposaba sobre su pecho con ls manos entrelazadas. Esos momentos se sintieron como horas y esas horas como más tiempo del que en realidad era.

Durante varios días intentó olvidarle, pero la sensación no se alejaba de ella. La calidez, las cosquillas en su pecho, las mariposas en su estómago. Sólo dos veces se había sentido así , sin embargo seguía aplazando la conversación pues no se sentía lista. Por supuesto que hubo algo especial en esos momentos juntos, era innegable pero era aterrador. La distancia los separa de lo ideal y todo se convierte en más complejo una vez que la distancia lo toca. La magia comienza a desaparecer de a pocos y los latidos dejan de hacer tanto eco en la soledad del interior.

Aún en medio de la distancia le piensa y de alguna forma desea que los planes de la boda en Turquía sean ciertos por más bobo que pueda sonar y desea entrelazar sus manos de nuevo, volver a ver esos ojos cafés y ver cómo se transforma lo soso en dulce de nuevo. Lo extraña como extraña ella: a borbotones, de la misma forma en la que quiere. Decide confiar, decide estar ahí y dejarlo fluir. Lo que es para vos, ni aunque te quites, le dijo su madre al ver sus ojos brillantes luego de verlo. “Espero que la distancia no nos separe, sino que nos una”.

Ecos

Como un cristal, se recarga en el mar. La brisa salina le besa el cabello y el sol la piel. Hace tiempo no se sentía tan libre, tan salvaje, tan ella y así, descalza, despeinada, llena de arena y lodo hasta las rodillas. Se alegra de haber tomado la decisión de irse sola a la playa. La playa, su lugar especial para sentir y pensar. Esta vez va hecha mil nudos y de a pocos el mar va desenrrollándola, limpiándola, peinando un poco ese interior. La ciudad y estos últimos meses la habían tenido en mil enredos y no había podido volver a sentir o pensar con tranquilidad. Su rostro refleja el cambio en ella con el agua del mar, la naturaleza vibrante, el calor y esa humedad salada que la envuelve. Valiente, tomó la decisión de irse aunque fuera un par de días antes de que se acabara el año, como un salto de fe para comenzar con las vibras correctas el nuevo año.

Está tan llena de amor que se rebalsa y se le cuela por los dedos de las manos, de los pies, por el pelo, por la sonrisa cálida que sostiene mientras su rostro mira hacia el sol y flota en el mar con una confianza total. Se mece suavemente como una hoja de almendro de playa en las olas, sonriendo, en calma y agradeciendo mil y un veces las experiencias vividas en el año. De a pocos se siente florecer en el agua, se siente liviana, completa, tranquila, como si hubiese vuelto a su elemento favorito. Se vuelve una con el agua, se siente valiente, se siente comprendida, perfectamente imperfecta y se recarga a borbotones con ese movimiento suave del oleaje.

Se enamora tan fuerte y tan frágil del escenario que la rodea. Los ecos de su amor retumban en el azul del cielo y del mar, del verde de la vegetación, del sonido de las olas que rompen en la costa. Así es como debe sentirse el amor, se dice a sí misma. Tan pleno, tan completo, tan fuerte, de una manera en la que al sumergirse en él no se sienta ni duda, ni dolor, ni inestabilidad, sino una alegría que comience en los dedos de los pies y acabe en la coronilla como una olita que empieza suave y termina fuerte. Cuánto amor se puede sentir? Se pregunta mientras camina descalza en la jungla y del todo se sumerge en la exhuberante naturaleza. Sus pies son uno con la Tierra y se funden en un abrazo durante esos dos días que estuvo lejos de la ciudad. Con los piecillos llenos de arena y barro, el cuerpo salado y sintiéndose como el solcito que le calentaba los huesos cansados por tanto trajín.

Por fin se siente lista para tener esa conversación con aquella persona que ha dejado pequeñas olas haciendo eco en ella, como el eco de las olas turquesa rompiendo en el mirador de Manzanillo. Las olas cantan, como cantó su corazón en el primer momento en el que se fundió en aquel abrazo con aquel extraño. Le parece un poco irracional el hecho de que su corazón se ilumine y cante por alguien a quien sólo ha visto un par de veces y que a su vez se encuentra tan cerca y tan lejos. Aún no sabe si lo que quiere es su idealización, el recuerdo, la sensación o si realmente es a esta persona a la que quiere. Contra todo pronóstico, su amor profundo por la playa y la naturaleza se extiende a sus conversaciones y es un poco más abierta, dulce como la miel y delicada a la hora de expresarse.

Olvida un poco el tema de su ser querido y extraño, abandona un poco la idea y vuelve al presente. Se sabe amada, cuidada y sostenida después de un año que la puso a prueba en más de un sentido y que la enseñó a vivir un poco más en el día a día con metas cambiantes que el fijarse metas estables que no podía cumplir con los obstáculos que se le iban presentando. Desde un lugar de amor se despide del año que tanto le hizo crecer entre los ecos de todo: soledad, dolor, alegría, amor, olas, compañía y aventuras que no pensó que viviría.

Antes de que acabe el año, recuerda la perdida que se dio para llegar a la playa Pablo Mena, de la embarrialada que se pegó, que se cayó y quedó cubierta de lodo, pero al ver esa pequeña playa, todo valió la pena. Así se sintió el año, se dijo a sí misma mientras abrazaba a sus seres queridos, como un camino difícil, perdida a ratos, con los pies adoloridos a ratos por no estar acostumbrada al terreno, por un corazón mallugado, pero al final todo valió la pena por encontrarse y abrazarse nuevo, por saberse llena de sol, llena de amor. Amar es así, un camino difícil pero dulce, se dice a sí misma mientras estalla la pólvora y los perros ladran. El año la encuentra así: dulce, abierta, amorosa, consciente y desde su lugar, manda las mejores vibras al universo, de forma que haga eco y resuene en todos los corazones de la humanidad.

Como su piedra favorita el ópalo, se recargó. Espera que esa “gasolina” le rinda todo el año y que su corazón sea lo suficientemente paciente, amoroso y fuerte para recibir lo que venga. Como ecos del oleaje escucha el palpitar de su corazón antes de irse a dormir. Retumba dentro de sí y le recuerda lo viva que está.

Como melcocha

Me gusta lo tosco de tus manos,

tomando suavemente las mías.

Como melcocha dulce entrelazados.

Como melcocha, el café meloso de tus ojos,

Me estremece como un café bien fuerte

Y poco a poco de mis miedos yo me despojo.

Como melcocha, la dulzura pura de tus abrazos,

cual chocolate caliente me reconforta de a pocos

y se disuelve cual azúcar en el agua en mis brazos.

Como melcocha, el sabor dulce de tus besos

Se pega a mis mejillas, a mi cabello y a mis labios.

Y me pongo roja cual fruto de frambueso.

Como melcocha, el olor pegajoso de tu cuerpo

Deja huella en mi olfato y se abre paso en mi cerebro,

se va impregnando de pocos en mis recuerdos.

Como melcocha, sabe a dulce el momento

A cariño, a abundancia, a risas cómplices.

Se siente como si nos eleváramos del pavimento.

Como melcocha, así decido que sea el recuerdo,

Suave, dulce, pegajoso, algo de veras memorable.

Para guardarlo con cariño en mi corazón amable.

Y si todo sale bien?

Se sienta en el pis o de su cuarto, con papel y lápiz en mano para ponerse a dibujar. Suena de fondo “A brief interlude” de Andrew Bayer y se propone sólo por esta noche dejar de pensar qué pasaría si las cosas salieran mal. Se da la oportunidad de soñar despierta y sentir que todo puede salir bien de una forma u otra. Casi siempre suele pensar más en tonos más oscuros que claros y ser un poco más pesimista de lo que debería pero la música la inspira y dibuja garabatos con una sonrisa a medias en el rostros llena de esperanza.

Y si todo sale bien?- se dice a sí misma mientras garabatea. Se imagina a sí misma yendo a miles de lugares diferentes, conociendo muchas personas, culturas, sabores, olores, sonidos, haciendo espacio en su cerebro para crecer a pesar de lo difícil que hay sido el camino. Se imagina a sí misma caminando bajo una lluvia de hojas naranjas en otoño y aprendiendo a amar el frío, a estar lejos de casa por una vez y empezar casi de cero en otro lugar. Se enamora de la idea de estudiar las maestrías de sus sueños, de crecer en los ámbitos que ama, de cumplir todo lo que algún día se propuso. Se vuelve a imaginar en aquella plaza de las personas danzando en la fuente y su corazón da pequeños saltitos de felicidad. No tiene que ser ya, pero puede llegar a ser, se dice a sí misma mientras sigue imaginando cómo sería si todo sale bien.

Si todo sale bien, su trabajo final de graduación sería algo que le apasione tanto como le apasionó cursar su carrera. Se ha preguntado miles de veces qué le gustaría ser si no fuera lo que estudió y no encuentra otra cosa todavía que le guste más. Siente que es es su propósito y que de alguna forma, todo en su camino ha hecho que llegue a este momento en el que está. Ha costado llegar y falta camino empinado por recorrer, pero, y si todo sale bien?

Y si todo saliera bien con el extraño que de cierta forma robó un trozo de su corazón? No necesariamente las historias siempre tienen que acabar mal. Quizás pueda ser un buen recuerdo o un buen amigo o una sorpresa inesperada. Por ahora no puede sentir más que la pequeña semilla de cariño ir creciendo en cada amanecer. A veces imagina cómo serían las cosas con este extraño. Lentamente se hace la imagen de caminar tomados de la mano en alguna playa y nada más conservar el recuerdo de su sonrisa, del tono de su voz y la calidez de su abrazo. Debe admitir que le extraña y sonríe un poco al pensar en estas posibilidades en vez del terror e inestabilidad que generalmente le provocan este tipo de situaciones.

En serio, qué pasa si todo sale bien? Quizás esta es la óptica que ha estado buscando en medio de la tormenta de estas semanas. No siempre todo va a salir bien, pero y si así lo fuera? Esta perspectiva no haría que la vida fuera un poco más liviana? No haría que se sintiera más capaz, más estable, más valiente y agradecida por las cosas que tiene, tuvo y tendrá? Tal vez va siendo hora de cambiar el qué pasa si todo sale mal por esta otra frase y lanzarse muchas más veces al vacío que se llama vivir. De a pocos los garabatos comienzan a tener sentido y su vida también.

De nuevo

Últimamente hay muchos de nuevo es este parque de diversiones de mi vida. De nuevo estoy llena de emociones y quizás hasta un poco de sueños y optimismo. Han sido semanas tormentosas, a las que aún no logro acomodarme a pesar de que llevo años en la misma ciclicidad. Cíclica, cambiante, diferente, son mis palabras preferidas para reemplazar lo que usualmente se llaman inestabilidad. De nuevo vuelvo a respirar con un poco más de calma, sin miedo a ahogarme en un mar de oscuridad y me gusta tener los ojos abiertos, soñar despierta y a veces simplemente existir. De nuevo veo la vida con colores más alegres y con la chispa en los ojos que me caracteriza. Todo se va sintiendo como antes de a pocos. De a pocos va brillando el sol en mi cielo, me va calentando el alma y aparece la gratitud.

De nuevo brotan las naranjas en mi jardín y las plantas del mismo se llenan de flores por la lluvia que ha caído en estos días. De nuevo, tal como ellos, voy dando algunos frutos con esfuerzo y con la tormenta interna que recién va pasando. Me siento y escribo, con la cabeza hecha un colocho porque hay tanto que quiero decir y a la vez no sé cómo decirlo. De nuevo se abren las puertas de mi corazón y dejan entrar la calidez de un nuevo amanecer, de un abrazo sereno y las palabras van fluyendo a veces sí, a veces no para expresar un poco de todo lo que ha sucedido.

Tan bonita

¡Qué bonita te ves! Mirarte bailando en tu cuarto a solas con la música a todo volumen con una sonrisa de oreja a oreja es todo un espectáculo. Te has acostumbrado tanto a tu propia compañía que ahora te disfrutas aunque el camino no te haya sido fácil. Y así deberían empezar todas las historias de amor, viéndote al espejo y descubriendo en él al amor de tu vida antes de querer abrirte al mundo exterior y buscando en él lo que ya llevas dentro. Me encanta verte caminando y cantando a la vez o verte cantar en las clases de spinning, mientras hacés ejercicio, cocinás o en donde sea. Me gusta verte siendo valiente, a pesar de que te tiemblen las manos del miedo, te lanzás al agua y tratás de confiar. ¡Cómo has crecido en espacio de dos años! Aunque hayás pasado por mil cambios que tal vez no te gustaron tanto, estás hermosa. Por dentro ha habido una remodelación total donde has aprendido a quererte, a gustarte, a disfrutarte, al punto que ya casi no sentís la soledad.

Qué belleza verte abrirte de nuevo al mundo siendo vulnerable de nuevo aunque te aterra que te rompan el corazón de nuevo o chocar con pared al mostrar tus sentimientos pero te estás dejando llevar. Tu piel parece florecer con cada día que pasa, pues tenés todo a flor de piel. Me alegra tanto que ya no lo veás como algo malo, sino que es parte de vos y que ahora te sonrías a vos misma. Me encanta verte con los pies en la Tierra y a la vez sepás cuándo despegar un poco tus pensamientos y deshacerte en las nubes de dulzura y suavidad que te conforman. Qué linda te ves arreglándote para vos misma, superándote, haciendo las cosas pasito a paso por más que sintás que no vas a poder.

Qué bonito ser vos, qué agradable volver a casa, qué alegría me da haber encarnado en este cuerpo que me permite sentir tantas cosas. Tan bonita que te vez haciendo que el mundo valga la alegría.

Seis años

Hace un tiempo me preguntaste si alguna vez escribí sobre vos y realmente no supe qué contestarte. Usualmente escribo sobre las personas o situaciones que me marcan para bien o para mal y vos me marcaste de alguna forma hace seis años. En aquel entonces no podía escribir sobre vos. No podía demostrar lo que sentía, lo bueno ni lo malo o el dolor que vino con el dejarte ir en aquel momento aunque fuera lo mejor.

En aquel momento fuiste aquella persona en la que se piensa al final del día o la primera que viene a la mente cuando algo importante pasaba. Aquella persona a la cual quería tomar de la mano y hacer fuertes de almohadas para pasar horas hablando. Pasó que mi corazón echó raíces en el tuyo y de un pronto a otro tuve que cortarlas de un sólo. Sentía por vos algo tan grande, algo tan limpio, algo tan profundo. Quisiera haber podido decirte todo esto en aquel momento, quisiera haberte susurrado al oído lo que significabas para mí, haberte abrazado más fuerte, haberte hecho sonreír más a menudo y tal vez, haberte escuchado aquella última vez. Me hubiera gustado que supieras que tus ojos eran mi debilidad, que tus brazos eran un lugar seguro y que el mundo se sentía menos pesado a tu lado.

Seis años después, nos hemos vuelto a encontrar por casualidades de la vida y acá estoy, con el corazón burbujeante, a la expectativa de ver cómo será verte de nuevo, si voy a reconocerte, cómo será la cosa. Trato de no ir predispuesta, porque en seis años muchas cosas cambian. Vos cambiaste y yo cambié, pasamos por tantas experiencias que nos han hecho mirar la vida diferente y a la vez nos han reforzado lo que somos y lo que no. En estas semanas de reencuentro, he recordad por qué te quería tantísimo, por qué llenabas mi corazón de alegría y por qué el mundo era un mejor lugar con vos en él. Tanto tiempo ha pasado y de cierta forma todavía recuerdo tu forma de mirarme, tu manera de reír, pequeñísimos detalles que a cualquier persona se le hubieran pasado por alto pero a mí no.

Has ido abriendo mi cerrado corazón y con ello has ido sacando a relucir la calidez que todavía habita en él. Despertaste la llamita que estaba apagada por tantas decepciones y me recordaste que todavía hay gente en el mundo que ve más allá de su nariz. Me fui encariñando con vos despacito, como cuando la luz empieza a colarse entre las hojas o como transcurren los minutos al atardecer. Conforma pasan los días, siento que el vínculo crece y sólo deseo hacer lo que siempre me prometo no hacer: estallar de amor. Quiero ser con vos todo lo gentil que pueda, genuina, quiero ser yo y que en mí podás encontar un espacio seguro donde podás habitar. Mi corazón se ha remodelado muchas veces durante estos años y quiero que lo conozcas nuevamente.

Quizás no hemos cambiado tanto me dije de camino y esperaba poder reconocerte a primera vista. Cuando te vi, creo que mi corazón reaccionó primero que todo lo demás y sólo pude reaccionar a abrazarte como hace años no lo hacía con un pequeño sonido de felicidad. La verdad seguís muy parecida a como te recuerdo y de inmediato supe que eras vos. Reírnos del chasco con el innombrable fue la forma de romper el hielo, porque claro, la vida es así de vez en cuando y te hace una broma cósmica cuando justo ya estás nerviosa por otras cosas. Hablar con vos fue tan sencillo, como si el tiempo no hubiera pasado, con esa complicidad que siempre hemos tenido y esa facilidad para conectar. Cuando al fin pude verte de nuevo a los ojos, lo supe. Por más que hubiera tratado de frenarlo todo, siempre hay una pequeña porción que logra colarse entre los dedos del alma y sale a relucir.

Quisiera que pudieras estar un par de segundos desde mi perspectiva y te vieras como yo te veo. Tal vez así verías lo increíble que sos y que el paso del tiempo no ha logrado borrar tu huella de mi memoria. Unos cuantos segundos en mi corazón te bastarían para sentir una vez más en un ambiente controlado y te dieras cuenta de las pequeñas erupciones que provocas en el volcancito de mi corazón. Estoy disfrutando lo que siento, a pesar de que sé que todo esto es bajo mi propio riesgo, pero como dice una canción que una vez escuché: los corazones siempre tienden a sanar. Sería muy tonto no sentirlo y aniquilarlo antes de poder siquiera reaccionar.

Te observo con el brillo del sol del atardecer y ahí mismo sé que el mismo calor de hace unos años vuelve a apoderarse de mí y a llenarme de esa sensación especial que hace que mi corazón se acelere y mis mejillas se sonrojen. Esa que hace que te vea con ojos de cachorro y que nada más quiera observarte en silencio, agradeciendo que de alguna forma sigas aquí. No tengo una forma de describir bien lo que llegué a sentir en ese momento. La forma en la que el sol acariciaba tu piel, te resaltaba los ojos y simplemente quería guardar ese momento para siempre en mi memoria. Tantas cosas pasaron por mi mente y me hubiera gustado que pudieras haberlas escuchado todas, quisiera que hubieras escuchado mi corazón acelerado y el cambio en mi respiración. Volví a sentir lo que hace mucho tiempo no me sentía capaz de sentir y sentí sin miedo. Quise que supieras lo importante, valiosa y especial que sos, quise que te enamoraras de vos misma, quise por un momento fugaz poder llenarte de todo mi cariño.

Me encanta poder grabar de cierta forma con mi memoria los pequeños detalles que te hacen vos, como cuando cantás o bailás con tu música, tus gestos, tu sonrisa, cuando de a poquitos de abrís y derretís en un abrazo. Me gusta estar cerca tuyo, sos de esas personas que no importa cuál sea su papel en tu vida, las querés ahí cerquita. Ahora si me preguntas si he escrito algo sobre vos, acá está en una breve pincelada la locura que causás en mí y esa sensación de estar de nuevo abierta, despierta, dispuesta a dar y recibir, a navegar la incertidumbre y a crecer. No sé en qué rayos pare todo esto, pero sé que te quiero a vos en mi vida con esa luz tan especial que me recuerda mi camino por andar. Como te dije en uno de mis abrazos: te extrañé. Hay personas que se sienten como el solcito de la mañana y vos sos una de ellas. Tus ojos verdes siguen siendo una de mis pequeñas debilidades y de momento eso está bien.

Seis años después y aquí estamos, otra vez.